El caso de mi tía Nena y sus bisagras

Cuidado entre generaciones

Nena es una señora encantadora, humilde y paciente, con su pelo rizado y recogido. Tiene algo de peso de más, y hace años y años que le duelen las rodillas. Ahí va tirando, hasta llegar a la considerable edad de 85 años….

Hace un tiempo fue a su médico de la Seguridad Social, para buscar alguna solución a sus dolores, y la persona que le atendió le dijo:

Señora, cuántos años tiene usted? – 85. – Entonces es normal que le duelan las rodillas

Mi tía insistió. -No se me podría poner una prótesis o algo así? –(La pobre, tal vez conoce historias de amigas a las que les ha ido bien una prótesis…)

La respuesta fue tan contundente, que no sólo dejó estupefacta a mi tía, sino a toda la familia:

Señora, ponerle una prótesis a usted, es como ponerle bisagras nuevas a una puerta vieja

Nena, ya muchas veces había sentido en la atención sanitaria esa falta de esperanza, esa conformidad paralizante, por causa de su edad. Pero esa frase de las bisagras, era tan metálica, que le dolió en el alma, y se le grabó en la memoria como una sentencia condenatoria.

Tal vez, haya razones lógicas para no operar a las personas mayores. No lo sé. No soy personal sanitario y sé que las cuestiones técnicas son complejas.  Sólo sé que esta contundencia nos dejó a todos …pasmados…

El caso de Pedro, mi padre

Acupuntura en la Clínica Laurisilva

Esta historia, afortunadamente es como la noche y el día. Un señor también encantador, de 84 años, con dolor en los dos hombros y pérdida de movilidad parcial en ambos brazos. Llevaba ya aproximadamente dos años arrastrando el problema, y poco a poco iba empeorando.

Su médico de la seguridad social, un médico joven y abierto con quien se lleva muy bien, y quien le hace sentir apreciado, un buen día  le dijo:

Don Pedro, ¿por qué no prueba usted con acupuntura?

En cuanto mi padre me lo comentó, le dije – Pues yo conozco a una acupuntora excelente, la doctora Laura Torres.

Y mi padre, con su actitud responsable hacia la salud, su talante optimista, y la mente muy curiosa, (porque hay que reconocerlo, no muchos hombres de 84 años están dispuestos a probar la acupuntura), allí que va con su camisa planchada, y muchas, muchas preguntas, a la consulta.

La acupuntura tiene su parte psicológica también, así que algunas de las preguntas más importantes eran éstas: ¿Yo merezco sentirme bien? ¿Me tengo que resignar a tener dolor?

Conclusión: Sólo necesitó cuatro sesiones. El dolor desapareció y ya está tendiendo la ropa en el tendedero alto. La movilidad recuperada casi al 100%. Está tan eufórico que nos hace demostraciones de movilidad a todos, moviendo los brazos en plan molino de viento.

Dos sesiones más y la doctora ya está pensando en darle el alta. Ni siquiera está previsto que necesite revisiones periódicas para mantenimiento.

Regalemos esperanza a nuestros mayores

Bisagras nuevas en puertas viejas. A veces quedan estupendas

Desde aquí envío mi respeto y reconocimiento a todas esas personas mayores que reciben esas miradas condescendientes, y esas preguntas de -¿Pero cuántos años tiene usted? Y me declaro a favor de su calidad de vida, física y mental.

La esperanza es lo último que se pierde. ¡Claro que sí!

Que reciban el mejor tratamiento a todo lo que les pase, y el más constante y sincero apoyo psicológico.

Se merecen todo lo mejor de esta vida.

Y no importan los años que tengan.

Clínica Laurisilva

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“La pregunta es la más creativa de las conductas humanas”. Responsable de Innovación
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