La primera vez que recibí y practiqué masaje abdominal fue en un seminario que organizamos con Shigueru Onoda, el presidente de la Escuela Japonesa de Shiatsu de Madrid.

Bego y Onoda

Él nos sugirió que usáramos masaje abdominal para terminar la sesión de shiatsu. Es sencillo, y se puede hacer como automasaje.

Consiste en tumbarse boca arriba y apretar con los dedos de ambas manos, despacio, hasta donde sea cómodo, y luego soltar lentamente.

La secuencia es ésta: estómago – ombligo – entre estómago y ombligo – tándem – vejiga – ciego – ascendente – hígado – estómago – bazo páncreas – descendente – sigmoides – recto.

Y se repite la secuencia las veces que se quiera. (Con un poco de práctica ya lo haces de memoria)

Bajar la madre

El efecto que noto es el relax, tanto físico como mental.

Masaje abdominal como tradición canaria

Me pregunto si ya lo practicaban los guanches. Comparto frases de algunos historiadores:

Millares Torres: “ Y cuando estaban enfermos se curaban con hierbas, cuyo valor medicinal conocían por tradición, aplicándose a sus dolores, y heridas, la manteca de ganado que conservaban con ese objeto en grandes tinajas ocultas bajo tierra.”

Bosch Millares: “Para los dolores practicaban escarificaciones sobre la piel, untaban con manteca al enfermo y daban fricciones.”

Abreu y Galindo: “Estando enfermos se curaban con manteca untándose todo el cuerpo con ella y abrigándose. Para curar, sudaban. Y si era herida, la primera cura era ponerle fuego a la herida y untarla con manteca”

Guanche

Gregorio Barreto Viñoli (1935), el cronista de Haría. Lanzarote, nos cuenta:

Antiguamente escaseaban los médicos en todos los sitios, y cuando había alguna necesidad había que acudir a la capital, y para ello tenía que ir alguien a Arrecife, localizar al médico y encargar que viniera a tal sitio, en camello, carro o burro, a no ser que se llevara al enfermo en camello o lo que fuera, y así algunas veces se moría el enfermo por el camino.

Fue en el año de 1904 cuando vino el primer médico oficial a Haría. Como resulta que antes no había médicos en los pueblos, se ideaba la habilitación del curanderismo como medio de escapatoria.

Y así había personas experimentadas en las curas de desconches, desmanches o esguinces, y roturas de huesos, lasqueados, articulaciones fuera de su sitio y otras, y era mucha la gente que acudía a estos curanderos que se denominaban “estregadores”.

Y también existió otra forma de curanderismo que se denominaba la cura del pomo, y es que esta enfermedad del pomo venía originada, en el fondo, por un estado de nerviosismo incontrolado, que provocaba en la persona que lo sufría un miedo enorme y una impotencia ante todo, los signos básicos de una depresión.

Los curanderos decían que el paciente tiene la máquina fuera de su sitio, o sea, que los latidos estaban descontrolados y no centrados a nivel del ombligo, o tiene la madre descompuesta.

El masaje de los abuelos

El masaje abdominal es practicado tradicionalmente por las abuelas y abuelos, para calmar a los niños cuando tienen alguna molestia leve. Muchos canarios recuerdan a sus abuelos como aquellas personas que les comprendían y les masajeaban.

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Relación del sistema digestivo con el sistema nervioso

En el tracto gastrointestinal se aloja un segundo cerebro muy similar al que tenemos en la cabeza. El tubo digestivo está tapizado por más de cien millones de células nerviosas.

El aparato gastrointestinal tiene el cometido de aportar al organismo un suministro continuo de agua, electrolitos y elementos nutritivos.

Para conseguirlo, requiere conducir la comida a lo largo del tubo digestivo mediante unos movimientos ondulatorios llamados peristálticos, secretar jugos digestivos, digerir los alimentos, absorber los productos digeridos, los electrolitos y el agua; transportar este material hasta el sistema circulatorio y, finalmente, expulsar los productos de desecho.

Todas estas tareas están bajo control, en mayor o menor grado, del cerebro abdominal, también conocido como sistema nervioso entérico (SNE).

Pero su cometido va más allá. El cerebro entérico produce sustancias psicoactivas que influyen en el estado anímico, como los neurotransmisores serotonina y dopamina, así como diferentes opiáceos que modulan el dolor. Además sintetiza benzodiacepinas, compuestos químicos que tienen el mismo efecto tranquilizante que el “Valium”.

Hasta la fecha, los científicos han identificado más de una treintena de sustancias transmisoras liberadas por los nervios gastrointestinales.

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La multiplicidad de neurotransmisores en los intestinos sugiere que el lenguaje hablado por las células del sistema nervioso abdominal es tan rico y complejo como el del cerebro

comenta el profesor Gershon, descubridor de la serotonina entérica y para muchos el padre de la neurogastroenterología.

El SNE también controla funciones tan vitales como la proliferación de las células mucosas y la defensa contra agentes patógenos, un cometido que realiza en colaboración con el sistema inmunológico; el túnel gástrico hospeda a más de 500 especies de microorganismos.

Otro “cerebro” en el corazón

El corazón, además de disponer de su propio sistema de neuronas semiautónomo, es también una pequeña fábrica de hormonas.

Secreta su propia reserva de adrenalina, que libera cuando tiene necesidad de funcionar al máximo de sus capacidades. También segrega y controla la liberación de otra hormona, el ANF, que regula la tensión arterial.

Y finalmente, secreta su propia reserva de oxitocina, la hormona del amor. Esta se libera en la sangre, por ejemplo, cuando una madre amamanta a su bebé, cuando dos seres se hacen la corte, y en el transcurso del orgasmo. Todas estas hormonas actúan directamente sobre el cerebro.

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Emociones y recuerdos

Ya hemos visto que el intestino y el corazón cuentan con sus propios circuitos de algunas decenas de miles de neuronas que son como “pequeños cerebros” en el interior del cuerpo.

Estos cerebros locales son capaces de tener sus propias percepciones, de modificar su comportamiento en función de éstas, e incluso de transformarse a raíz de sus experiencias, es decir, de alguna manera, de formar sus propios recuerdos.

En todas las culturas antiguas y modernas se ha tenido la conciencia, al menos popular, de que nuestras tripas y corazón son capaces de experimentar emociones.

Al recibir una buena noticia, un cosquilleo placentero invade la barriga. Por el contrario, las situaciones de tensión, miedo o aflicción hacen que el estómago se encoja. La repulsión hacia algo o alguien puede llegar a producir náuseas e incluso provocar el vómito.

Sentimos las emociones en el cuerpo, no en la cabeza

Decimos que “tenemos el miedo en el cuerpo (miedo)” “sentimos el corazón ligero (felicidad)” “nos repatean los higadillos (rabia)” “no se nos mueve una tripa (indiferencia)” “Tenemos un nudo en el estómago (tensión)” “Hacemos de tripas corazón (contrariedad)”……

¿Probamos el masaje abdominal?

Es un fenómeno corriente en la historia de la medicina. Cuando se realizan descubrimientos, antes de que los pueda explicar una teoría, se enfrentan sistemáticamente a una resistencia por parte de las instituciones. Sobre todo si el tratamiento es natural, o parece demasiado simple.

¿Pero… qué pasaría si un humilde masaje abdominal fuera, en algunos casos, un buen sustituto de los ansiolíticos y antidepresivos?

¿Y si cuando estamos ansiosos o deprimidos, en lugar de intentar obtener circunstancias externas ideales, empezamos por controlar el interior: nuestra fisiología?

El estado de ánimo se encuentra en el estómago

Bibliografía consultada:

El municipio de Haria. Gregorio Barreto Viñoly. Cronista deHaría

Nuestro segundo cerebro. Revista Muy interesante

Las enfermedades de los aborígenes canarios. Carlos García

Curación emocional. David Servan-Schreiber

 

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